Punto y al arte

Literatura, arte, música, cine… para una “inmensa minoría”

  • Asociación Punto y al arte

    La Asociación Punto y al arte tiene como objetivo fundamental la promoción de autores y creadores que en nuestro modesto parecer son excelentes. Pueden ser más o menos conocidos, pueden ya haber salido a la palestra o no. A través de esta página y a través de nuestras publicaciones, queremos compartir todo aquello que nos apasiona, sabiendo que hay una "inmensa minoría" que disfruta de las mismas cosas que nosotros.
  • Participa

    - Envíanos tus poemas, cuentos, fotografías, etc.
  • - El consejo editorial de Punto y al arte seleccionará y publicará los mejores.
  • - Participa también opinando sobre las obras aquí expuestas.
  • Correo electrónico

    punto.y.al.arte @ gmail.com
  • Posts Más Vistos

  • Síguenos en Facebook

    facebook
  • Tu correo electrónico.

  • Suscribirse

  • Meta

Cuando no estás se muere todo, un cuento

Posted by asociacionpya en julio 26, 2009


Es increíble lo que hace la costumbre. Lo fría que es la cama ahora cuando no estás. Yo que siempre he sido una chica independiente, ahora no puedo dormir sola. O puedo, pero no es lo mismo. Pasé una noche casi en duermevela, con una sensación extraña… me faltaba el calor, tuve que poner otra manta para sentir más peso y menos esa tibieza violenta de las sábanas.

La mañana, sin embargo, la pasé bien. Limpieza general, pereza general delante del ordenador… A las doce me puse las pilas porque tenía que ir a pagar a los pintores y la tienda cerraba a la una. La rutina del fin de semana no molesta, la rutina del sábado no es un fardo ni un muerto que echarse a los ojos.

Se hacía tarde así que salí corriendo de casa. Me lancé hacia el ascensor y lo llamé. Cómo no veo bien por el ojo derecho (“la testigo presenta pérdida de visión por Síndrome de Morning Glory”) al pasar junto a la escalera me pareció ver un bulto grande y oscuro en el descansillo “entre el sexto y el séptimo”. La curiosidad mató al gato, dicen, y mi curiosidad siempre puede a mi desgana, así que volví a mirar a ver qué coño habían dejado los vecinos en medio de la escalera.

Un flash, “un ataque al corazón”, un corazón disparado. Su cara estaba vuelta hacia mí, no sé si tenía los ojos abiertos (creo que no), pero sentí que estaba así colocado para que yo lo viera. Estaba blanco, muy blanco, tenía sangre o unas rojeces que resaltaban en ese blanco en las cejas y la comisura izquierda del labio. Tenía cara de estar asustado. Pensé (no lo dije a la policía) que alguien se lo había cargado. Pensé que estaba muerto pero que quizá no (en todo caso estaría muy grave). Pensé que, como bebía, se había caído y se había matado. Pensé en la vez que oí golpes arriba, en la vez que su hija se encerró en el baño mientras él gritaba “sois unas putas”, en la vez, aquella única vez, en la que ella llamó a la policía diciendo que su padre había pegado a su madre y que ella estaba encerrada en el baño porque él estaba fuera con un cuchillo. Pensé en aquella vez que no supe que hacer pero que decidí no hacer nada porque ella ya había avisado. Pensé en su imagen de borracho esposado entrando en el coche de la Guardia Civil. Pensé en las veces que le volví la cara desde aquel día. Pensé que el viernes estaba sentado en el banco de la parada de autobús y miré para otro lado porque no quería saludarlo. Pensé que era un desgraciado, que su muerte había sido la de un borracho desgraciado. Me pregunté porque algunas personas se joden la vida, como si la vida misma no fuera suficiente para joder todo lo que puede. Me dije que si tú no hubieras ayudado a tu padre, su vida y su final hubieran sido igual a la de este tío… ¿Cómo se llamaba? “Mi vecino de arriba”. Pensé que era raro que se hubiera dado ese golpe y que yo no hubiera oído nada. Pensé que quizá ya estaba allí a las doce y media cuando volví a casa y que menos mal que no lo había visto entonces porque a ver como iba a pasar la noche después de encontrarme a un vecino muerto en la escalera justo ese día que estaba sola.

Todo eso pensé durante todo el día: cogí el ascensor, crucé corriendo la plaza y entré en las dependencias de la Policía Municipal. “Mi vecino está tirado en la escalera” como un perro, como un alcohólico que nunca quiso recuperarse, “No lo he tocado, tiene muy mala pinta porque está muy blanco. Tiene muy mal aspecto”. “No se preocupe. Muchas gracias por avisar”. Me fui a hacer mis tareas. Pasé la tarde de compras. Cuando volví pregunté por él. El municipal me dijo “Estaba muerto”. Llegué a casa y estabas y te lo conté todo. Tuve que acercarme a declarar a la Guardia Civil.

Es increíble lo que hace la costumbre, lo fría que es la muerte, lo fría que es la soledad.

¡Cuánto te eché de menos ese día!  No puedes dejarme sola.

Cuando no estás, se muere todo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s