Ana Pérez Díez es otra de las figuras destacables de la Asociación. Sus orígenes familiares están en el Bierzo, su vida se ha repartido entre Asturias y Valencia donde reside.
Ana es una amiga de toda la vida a la que aprecio de verdad. Una persona especial que además escribe muy bien. Este poema es una maravilla que hace tiempo pertenece a mi “antología” de poemas inolvidables.
LA ISLA
Fue un conjuro de amor y pirueta.
Te asomaste a mis ojos, y tu cuerpo
rodó por el precipicio de mi cuerpo,
como una naranja con sueños abisales.
El primer día
me llenaste de migas que siempre habrían
de comerse los pájaros.
El segundo
cortaste la maleza de mi angustia
con tajos secos y profundos, decapitando
serpientes y pisando sapos.
El tercero
frotaste dos piedras, y mi pecho,
hasta entonces oscuro, fue una antorcha
de finos destellos multicolores.
El cuarto
inventaste una canción para silbar
en aquellas silvas espesas y salobres.
El quinto
me diste un nombre, y no volviste
a mirar al mar.
El sexto
levantaste una choza, y pensaste
en sembrar los campos.
El séptimo
te paraste a contemplar mi madrugada
junto a un río grana.
A veces siento un dolor tornasolado
que me empuja a apagar todas las luces
y a esperar, en silencio, que mis ojos
te desalojen, o que dejes de mirarme tú,
mi único y esforzado habitante.



