Éste es un blog principalmente de arte, cultura y literatura así que si hay que analizar la actualidad tendremos que inclinarnos por comentar la última entrega de los Goya y no el titular que hemos visto en el diario de la mañana en A3 ”Los bancos con las familias”, titular que es para petrificar cualquier gesto que hayamos querido hacer posteriormente.
Hay varias cosas comunes en todas las ediciones de los Goya: una sensación de ambiente casero, de reunión de cuatro amigos que quiere parecer unos Oscar pero que ni por realización, ni por glamour, ni por espectáculo llegan a ese nivel ; unos guiones pésimos que quieren hacer reir pero que no los salva ni el buen hacer de un José Corbacho o de una Carmen Machi y una crítica no precisamente velada al cine americano, una insistencia más que machacona de que “hay” que ver cine español, no se sabe por qué, que es una afirmación tan inexplicable y carente de sentido común como que “hay” que comprar música o videos y no bajárselos de Intenet. Aparte de esto, a veces se premian películas muy buenas, otras no (en eso sí se parecen a los Oscar).
Al ambiente casero no hay nada que objetarle. Es lo que hay y punto. A los malos guiones sí claro, porque si te imaginas que sus autores son los mismos que crean los diálogos de algunas películas españolas pues no son como para enganchar al personal a ver ese cine tan “injustamente infravalorado”. Sobre las críticas al cine americano pues también hay que decir algo: si los americanos saben hacer películas que gustan en todo el mundo, si saben utilizar el marketing como nadie, si tienen y saben utilizar dinero para hacer ese cine y publicitarlo… ¿Qué se les puede criticar? Su industria es fuerte. No hay más.
¿Cómo se puede hacer llegar una película no americana al público? Sólo hay una manera: haciendo buen cine. Sin hablar de los grandes históricos del cine español (Buñuel o Berlanga, por ejemplo) Almodóvar presume de que nunca ha necesitado una subvención y ha habido películas muy taquilleras por puro boca a boca, por pura calidad. El buen cine español no tiene por que ir mendigando espectadores o buenas críticas. Algunos títulos de Amenabar (Tesis, Abre los ojos, Los otros) o de Fernando León de Aranoa (Barrio, Familia, Los lunes al sol), Solas y Habana Blues (las dos de Benito Zambrano), La comunidad, La vaquilla, El viaje a ninguna parte, Belle Époque, La lengua de las mariposas, Lisboa, Te doy mis ojos, Tapas, El orfanato, El laberinto del fauno… con o sin Goyas son buenas películas, fueron éxito de taquilla y se merecen todo el éxito que han tenido. Si quieren convencernos, sin embargo, de que hay que ver cine español porque sí o de que un bodrio como La soledad no es un bodrio sólo porque le han dado el Goya, no hay tu tía. “La soledad es la mejor película del año” fue una noticia tan falsa como “Los bancos con las familias” ( menos mal que me la bajé de Internet y no tiré 5 euros a la basura). Camino ya tiene mejor pinta, si me la ponen bien en Filmaffinity igual me rasco el bolsillo, aunque sea española, igual que he hecho con todas o casi todas las que he nombrado.


Vuelve a fallarse el Nobel y vuelve a premiarse a un autor desconocido para mí, y creo que para mucha gente. La industria editorial funciona de forma tan caótica y casual como la bolsa, así que lo que llega a editarse, lo que llega a difundirse tras una buena campaña de marqueting o lo que llega a traducirse es aquello en lo que ciertas editoriales deciden fijarse, según criterios lógicamente muy subjetivos.