La semana pasada se celebró el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín. Por ese motivo, el pasado sábado, en la 2 de TVE, la Noche temática se dedicó a este episodio de la historia europea. La película que se proyectó fue “La vida de los otros“, dirigida por Florian Henckel-Donnersmarck, que en el momento en que la filmó contaba sólo con 33 años. En su momento la película fue un éxito completo recibiendo el Oscar a la mejor película en habla no inglesa 2006 y en los Premios del Cine Europeo, los galardones a Mejor película, mejor guión y mejor actor (Ulrich Mühe).
En La vida de los otros, el capitán Gerd Wiesler (protagonizado por Mühe), instructor y mando intermedio de la Stasi, la policia secreta de la RDA, recibe la orden de espiar al escritor Georg Dreyman (Sebastian Koch) y a su pareja, la popular actriz Christa-Maria Sieland (Martina Gedenk). Los artistas, que aún quieren creer en el socialismo de su país, descubrirán poco a poco las amargas verdades de un régimen corrupto pero también el eficiente, serio y duro Wiesler hallará una parte de él mismo que desconocía.
No es fácil resumir todas las virtudes de la película: todos los detalles que la hacen al mismo tiempo entretenida e intensa, todo lo que hace que un drama político, un thriller de espías, sea al mismo tiempo una historia sobre la soledad del ser humano y también sobre la bondad y la esperanza.
Lo más destacable de la cinta es que no hay ningún tópico, ningún maniqueísmo, simplemente personajes reales, personajes que luchan por sobrevivir, que ceden a las circunstancias, que despiertan, que se hunden y se levantan de nuevo, personajes con buenas intenciones y auténticos sinvergüenzas, hombres y mujeres que abandonados a su suerte en una sociedad opresiva se las arreglan como pueden, salen adelante tomando cada uno su camino… y entre esos personajes un idealista que se equivoca pero que también sabe comprender y perdonar, un hombre bueno que se merece “una balada”, una mujer débil que muestra su fortaleza y su amor de la forma más dramática…. Personajes complejos que nos emocionan, una interpretación excepcional por parte de los tres protagonistas pero sobre todo de Ulrich Mühe, un final que es un homenaje a la ética y a la justicia… un final silencioso, limpio… en el que dos hombres por fin comprenden, en el que dos hombres siguen estando solos pero por fin libres y en paz.
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El actor
Basada en la novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451 fue dirigida en 1966 por François Truffaut y protagonizada por Oskar Werner y por una maravillosa Julie Christie. La película trata un tema más que adecuado para este Día del Libro: la existencia de un mundo futuro en el que los libros están prohibidos.
Al ver por segunda vez Quiero ser como Beckham, me he dado cuenta de que existe un cierto número de películas dentro del género de la comedia que tratan el tema de la adaptación de las familias inmigrantes a la nueva sociedad de la que forman parte, casi todas, por cierto, con historia de amor interracial por en medio. En casi todas, es la chica la que es de otra raza. En casi todas hay verdades que ocultar a la familia, conservadora a ultranza de las costumbres tradicionales de su país. En casi todas, el protagonista masculino descubre que a pesar de las dificultades y las diferencias culturales, las familias tradicionales y diferentes a la suya también tienen valores positivos.
Aronofsky, uno de esos cineastas que no dejan indiferente, nos ofrece en su cuarto largo una historia archirrepetida, la del perdedor, el “looser” anclado en los buenos viejos tiempos, al que un cepo invisible le impide avanzar, ir más allá; lo interesante es la visión intimista que se hace del personaje: el guión del debutante Robert Siegel se centra en la trayectoria vital de Randy “Ram” Robinson, ese decadente luchador al que un cuarto de siglo ha dejado su legado de cicatrices físicas y emocionales. Al igual que otra de las grandes pelis de este año, Gran Torino, The Wrestler apuesta por el retrato de un personaje “extraído” de su tiempo, un tipo dos veces demasiado viejo: demasiado viejo para luchar y demasiado viejo para aprender a hacer cualquier otra cosa.
Sobre lo viejo y lo nuevo