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El actor José Luis López Vázquez ha muerto hoy a los 87 años. Nacido en Madrid en 1922, López Vázquez fue actor de teatro, cine y televisión y destacó tanto en la comedia como en el drama. Un gran actor de los que hacían que hasta las “españoladas” tuvieran su gracia pero que además colaboró con grandes directores y participó en películas míticas.
Entre sus comedietas, en las que junto a otros grandes compañeros representó al españolito de a pie, quizá destacar Sor Citroen, La gran familia (de la que además fue co-guionista) y todas aquellas en las que bebía los vientos por las suecas y en las que parlamentaba con su voz inolvidable e imitable.
Amenábar vale. Hace tiempo que este joven al que no quisieron en la Escuela de cine ha demostrado que vale. Y el que vale al final llama la atención de los productores. Y el que vale acaba pudiendo contar con los medios con los que siempre soñó. Esto le ha ocurrido a Amenábar que de pronto se ha visto con un presupuesto holgado y ha podido hacer la película de su vida (quizá la primera película de su vida, pues sin duda vendrán otras) : ha podido recrear la Alejandría del siglo IV, ha podido rodar escenas de multitudes, luchas, batallas… el sueño de un director español que como él ha sabido romper moldes, y hacer aquí un cine con la inspiración de lo mejor del cine americano.
Alejandro Amenábar nos tiene acostumbrados a buenas películas o cuando menos, interesantes, quizá por eso esperábamos más de su Ágora que cuenta la historia de Hipatia, mujer, filósofa y astrónoma en un mundo de hombres y en una época turbulenta, en plena decadencia del imperio romano. El tema (la intransigencia y el extremismo religioso), el personaje principal (la hermosa Hipatia, fuerte, inteligente e influyente) y las historias que se entremezclan (una historia de romanos en Egipto, un triángulo de amor, amistad y fidelidad y el acoso, derribo y violencia contra la protagonista) tenían que haber dado para más.
Como positivo:
- El casting: estupenda Rachel Welsz, quien con un buen trabajo logra que la frialdad, la falta de interés sexual de Hipatia, se imponga ante el espectador a pesar de su belleza; soberbio Max Minguella, en el personaje más complejo de la película, el del esclavo enamorado, un personaje torturado, pasional, que crece mientras su dueña, maestra y amiga envejece, que cambia su forma de amar al darse de bruces con un amor imposible; excelente también el trabajo de Oscar Isaac, en el papel del otro enamorado, Orestes, a cuyo amor (este sí posible) tan sólo se opone la inhibición sensual de la propia Hipatia.
- Alejandría: preciosa la fotografía de la película, el color del desierto, la ambientación, la recreación de la ciudad, la biblioteca…
Como negativo:
- La narración de los acontecimientos sin ninguna profundización en las causas económicas y políticas de la barbarie. La historia acaba siendo una batallita tras otra en la que un bando (los cristianos o parabolanos) son malos malísimos (no se explica por qué) y arramblan contra romanos, judíos y mujeres intelectuales que viven a su aire sin ton ni son.
- La falta de riqueza de los personajes. Los guionistas no se han complicado la vida: Hipatia es muy guapa, muy lista, muy independiente, muy intelectual y buena buenísima, pero el personaje es totalmente plano a lo largo de toda la película y no nos creemos a una sabia tan blanda, tan aislada del mundo y tan, por momentos, infantil (¿Dónde está su fuerza? ¿Dónde está su influencia no intelectual sino política?). Excepto Davo, el esclavo, (el personaje más trabajado y atractivo sin duda), los hombres también son lineales, simples y sosos, buenos o malos sin matices e incluso en ocasiones incoherentes.
Como película de aventuras, como entretenimiento puro y duro, Ágora no está mal. Lo malo es que hay poco más que ese entretenimiento. Amenábar nos quiere hablar de muchas cosas: del enfrentamiento ciencia-religión, de la intolerancia, de la libertad de pensamiento (Hipatia es libre siempre, incluso aunque esté presa, Davo no lo es, aunque le quiten de forma real o simbólica las cadenas), de la pasión (de la pasión amorosa, de la pasión por el conocimiento) pero no acaba de darle contenido y enjundia a la película, lo cual es una pena.
A pesar de todo, Amenabar vale. Al menos nos entretiene, así que vale.