Los derechos de los textos y demás material expuesto en este blog pertenecen a sus autores o herederos o titulares de los mismos. Su exposición tiene únicamente como finalidad la difusión cultural y no persigue ningún fin publicitario ni comercial.
La Asociación Punto y al arte tiene como objetivo fundamental la promoción de autores y creadores que en nuestro modesto parecer son excelentes. Pueden ser más o menos conocidos, pueden ya haber salido a la palestra o no. A través de esta página y a través de nuestras publicaciones, queremos compartir todo aquello que nos apasiona, sabiendo que hay una "inmensa minoría" que disfruta de las mismas cosas que nosotros.
Participa
- Envíanos tus poemas, cuentos, fotografías, etc.
- El consejo editorial de Punto y al arte seleccionará y publicará los mejores.
- Participa también opinando sobre las obras aquí expuestas.
El actor José Luis López Vázquez ha muerto hoy a los 87 años. Nacido en Madrid en 1922, López Vázquez fue actor de teatro, cine y televisión y destacó tanto en la comedia como en el drama. Un gran actor de los que hacían que hasta las “españoladas” tuvieran su gracia pero que además colaboró con grandes directores y participó en películas míticas.
Entre sus comedietas, en las que junto a otros grandes compañeros representó al españolito de a pie, quizá destacar Sor Citroen, La gran familia (de la que además fue co-guionista) y todas aquellas en las que bebía los vientos por las suecas y en las que parlamentaba con su voz inolvidable e imitable.
Dos empleados de un juzgado investigan la violación y asesinato de una joven. Con un punto de partida poco novedoso, Juan José Campanella ha creado otra pequeña gran película, como ya hiciera cuando dirigió la conmovedora El hijo de la novia. El tema central del thriller no es nuevo, tampoco la peculiar pareja de amigos protagonistas, tampoco la historia de un amor imposible… nada es original en sí mismo, sin embargo, si es original e interesante el conjunto final. Con una gran sensibilidad Campanella cuenta la historia de Benjamín Espósito (Ricardo Darín), un hombre que después de jubilarse quiere hacer balance de su vida, escribiendo una novela sobre aquel brutal asesinato que le impactó veinte años atrás. Los recuerdos del caso le llevan a hacer entender su propia vida, a comprender el vacío y la soledad de su existencia, a comprender que es su falta de valentía la que le ha llevado a esa situación.
Frente a la actitud huidiza de Espósito (hasta su nombre nos indica su absoluta soledad), Morales (el esposo de la joven asesinada) tiene valor para iniciar una relación con una joven tan hermosa (“no sé como me atreví” dice) y luego para llenar su vida incluso con su ausencia. De él aprende Benjamín que hay que coger el toro por los cuernos y que nunca es tarde. De Irene, su gran amor platónico (personaje al que Soledad Villamil presta sus hermosos ojos), también aprende algo importante: que “la vida es mirar para delante”.
Junto a la lección de vida, junto a una emotiva historia sentimental, junto al thriller con momentos de humor, algún apunte social (una crítica a la justicia corrupta de la Argentina de los años 70) completa esta película con un reparto extraordinario (muy destacable la interpretación de Guillermo Francella), que pasará al elenco de los clásicos latinoamericanos, por su agilidad, por su excelente guión y realización, y por descubrirnos el valor de una mirada.
Amenábar vale. Hace tiempo que este joven al que no quisieron en la Escuela de cine ha demostrado que vale. Y el que vale al final llama la atención de los productores. Y el que vale acaba pudiendo contar con los medios con los que siempre soñó. Esto le ha ocurrido a Amenábar que de pronto se ha visto con un presupuesto holgado y ha podido hacer la película de su vida (quizá la primera película de su vida, pues sin duda vendrán otras) : ha podido recrear la Alejandría del siglo IV, ha podido rodar escenas de multitudes, luchas, batallas… el sueño de un director español que como él ha sabido romper moldes, y hacer aquí un cine con la inspiración de lo mejor del cine americano.
Alejandro Amenábar nos tiene acostumbrados a buenas películas o cuando menos, interesantes, quizá por eso esperábamos más de su Ágora que cuenta la historia de Hipatia, mujer, filósofa y astrónoma en un mundo de hombres y en una época turbulenta, en plena decadencia del imperio romano. El tema (la intransigencia y el extremismo religioso), el personaje principal (la hermosa Hipatia, fuerte, inteligente e influyente) y las historias que se entremezclan (una historia de romanos en Egipto, un triángulo de amor, amistad y fidelidad y el acoso, derribo y violencia contra la protagonista) tenían que haber dado para más.
Como positivo:
- El casting: estupenda Rachel Welsz, quien con un buen trabajo logra que la frialdad, la falta de interés sexual de Hipatia, se imponga ante el espectador a pesar de su belleza; soberbio Max Minguella, en el personaje más complejo de la película, el del esclavo enamorado, un personaje torturado, pasional, que crece mientras su dueña, maestra y amiga envejece, que cambia su forma de amar al darse de bruces con un amor imposible; excelente también el trabajo de Oscar Isaac, en el papel del otro enamorado, Orestes, a cuyo amor (este sí posible) tan sólo se opone la inhibición sensual de la propia Hipatia.
- Alejandría: preciosa la fotografía de la película, el color del desierto, la ambientación, la recreación de la ciudad, la biblioteca…
Como negativo:
- La narración de los acontecimientos sin ninguna profundización en las causas económicas y políticas de la barbarie. La historia acaba siendo una batallita tras otra en la que un bando (los cristianos o parabolanos) son malos malísimos (no se explica por qué) y arramblan contra romanos, judíos y mujeres intelectuales que viven a su aire sin ton ni son.
- La falta de riqueza de los personajes. Los guionistas no se han complicado la vida: Hipatia es muy guapa, muy lista, muy independiente, muy intelectual y buena buenísima, pero el personaje es totalmente plano a lo largo de toda la película y no nos creemos a una sabia tan blanda, tan aislada del mundo y tan, por momentos, infantil (¿Dónde está su fuerza? ¿Dónde está su influencia no intelectual sino política?). Excepto Davo, el esclavo, (el personaje más trabajado y atractivo sin duda), los hombres también son lineales, simples y sosos, buenos o malos sin matices e incluso en ocasiones incoherentes.
Como película de aventuras, como entretenimiento puro y duro, Ágora no está mal. Lo malo es que hay poco más que ese entretenimiento. Amenábar nos quiere hablar de muchas cosas: del enfrentamiento ciencia-religión, de la intolerancia, de la libertad de pensamiento (Hipatia es libre siempre, incluso aunque esté presa, Davo no lo es, aunque le quiten de forma real o simbólica las cadenas), de la pasión (de la pasión amorosa, de la pasión por el conocimiento) pero no acaba de darle contenido y enjundia a la película, lo cual es una pena.
A pesar de todo, Amenabar vale. Al menos nos entretiene, así que vale.
Más romántica que comedia, París je t’ aime es una película ligera, sencilla, que sin ser un peliculón no deja de ser un producto interesante.
En el film se cuentan nada menos que diez y ocho historias de amor (amor en el sentido más amplio) de la mano de diez y ocho directores (entre ellos los hermanos Cohen, Gus Van Sant, Isabel Coixet, Wes Craven o Alfonso Cuarón), con el único punto en común de que todas las historias trascurren en París. Entre los actores hay también nombres importantes (Leonor Watling, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Nick Nolte, Elijah Wood, Natalie Portman, Gérard Depardieu… un equipo amplio e importante para una película cuyo mayor valor es quizá el hecho de que el proyecto nunca llega a perder la unidad a pesar de los contrastes en cuanto a tono y estilos narrativos de cada director.
El musical Rent, estrenado en 1996, es una de las obras más conocidas en los escenarios de Broadway donde no ha dejado de representarse desde su estreno. La obra se sitúa en el entorno de dos protagonistas drogadictos y varios de sus amigos (artistas, bohemios) que se buscan la vida en Nueva York. El autor se acerca al tema de la droga, la homosexualidad y el travestismo, con una actitud comprensiva hacia una generación de jóvenes que vivieron sin pensar más que en el hoy hasta que el Sida acabó imponiéndose a sus sueños.
Rent existe como musical, como álbum y como película (dirigida en 2005 por Chris Columbus). La película como tal no es ni buena ni mala, pero merece la pena verla (en versión original subtitulada, claro) pues permite disfrutar de la música compuesta por Jonathan Larson.
A que Rent se haya convertido en un musical mítico, contribuyó sin duda la muerte de su autor justo un día antes del estreno (por un aneurisma en la aorta). Hoy Vitor se acordó de esa extraña jugada del destino y nos recomendó en Facebook el número de La Vie Bohéme. Por mi parte os sugiero que veáis la película y que disfruteis de música como la del tema principal de la obra.