Resumir de que va La última noche es sencillo: La última noche, dirigida por el canadiense Don McKellar (1998) es una película sobre el fin del mundo. Ahora bien, pese a lo que quizá cabría esperar de tal argumento, es una película sin artificios, sin efectos especiales, sin acción ni salvadores. Una película en la que no hay tópicos ni se hace hincapié en el drama aunque a lo largo de toda la cinta subyazca en el fondo una tristeza opaca y tenue. En esta última noche que nos narran desde Canadá, en una noche en la que un sol extraño ilumina el cielo de una ciudad sumida en el caos, la vida de varias personas se entrecruzan mientras esperan lo que a las doce de la noche va a suceder inexorablemente.
El cartel de la película reza: “No es el fín del mundo… todavía quedan seis horas” y es que en esas seis horas aún hay mucho que hacer.
Dos meses antes, los personajes han sido advertidos de la debacle que se avecina. Suponemos que ha habido estupor, confusión y pánico, pero seis horas antes del final la mayor parte de la población ha llegado a resignarse a su destino. La película no se recrea por lo tanto en lo terrible de la tragedia sino en la forma en la que el ser humano podría comportarse tras aceptar una muerte cercana e inevitable. Excepto el que no ha podido superar el miedo (que se manifiesta de forma violenta), el último día se vive en paz pero intensamente: Las familias están más unidas que nunca; la religión no es nada más (y nada menos) que una esperanza íntima de trascendencia; el sexo es por fin natural (no hay juegos de seducción, no se causa daño alguno, no hay mentiras, ni prejuicios, ni promesas, ni mucho menos ningún tipo de culpabilidad o tabú social); quien busca el amor, quien lo ha buscado siempre, es capaz de amar una última vez aunque el último amor haya llegado a su vida días u horas antes de morir… En definitiva, los sueños se cumplen porque no hay miedo a fracasar.
McKellar (guionista, director y protagonista junto a Sandra Oh) ha realizado una película interesante, excepcional por la profundidad con que ha tratado un tema más que trillado por el cine de acción norteamericano, redonda porque contiene uno de los finales más emocionantes y hermosos del cine. Merece la pena verla y reflexionar sobre lo que quizá debería ser nuestra vida: aceptar con naturalidad la muerte, vivir sin ansiedad, sin miedo, ser fieles a nosotros mismos, vivir cada minuto como si fuera nuestro último día en la tierra.


Estados Unidos tendrá por primera vez un presidente negro (bueno, más o menos negro, del todo del todo ya sería demasiado…). Eso sí, la primera dama va a ser negra. La chica tiene buen aspecto, viste bien. Ok, se acepta. Da la talla. Lo único que se le pide a la esposa es buena imagen.
Vuelve a fallarse el Nobel y vuelve a premiarse a un autor desconocido para mí, y creo que para mucha gente. La industria editorial funciona de forma tan caótica y casual como la bolsa, así que lo que llega a editarse, lo que llega a difundirse tras una buena campaña de marqueting o lo que llega a traducirse es aquello en lo que ciertas editoriales deciden fijarse, según criterios lógicamente muy subjetivos.