“El dinosaurio” de Augusto Monterroso
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Paradigma de los microrrelatos, este cuento de Monterroso ha sido objeto de multitud de imitaciones, versiones, réplicas y vueltas de tuerca. El cuento tiene nueve palabras y durante mucho tiempo fue considerado el cuento más corto de la historia. Aunque posteriormente se han escrito otros aún más cortos, y muchos más un poco más largos, pocos tienen la belleza enigmática de esa historia mínima.
El microrrelato no es un género nuevo. El relato hiperbreve tiene sus antecedentes en la literatura oral y tradicional: adivinanzas, fábulas, leyendas y parábolas son parte ya de la tradición literaria bíblica y medieval, tradición que se extiende hasta nuestros días. La madurez del microrrelato, la consideración del microcuento como género se produce, sin embargo, tras una largo proceso evolutivo desde el momento en que el cuento, a raíz de la importancia que toma en el contexto del boom de la literatura hispanoamericana, se convierte en un género valorado. Si autores como Borges, Cortázar o García Márquez utilizan el cuento para innovar la narrativa, el microrrelato supone una nueva propuesta de la vanguardia: reducir, condensar, limpiar, experimentar, exprimir el lenguaje al máximo para encerrar en unas líneas una historia original, densa, sugerente y rica en contenido.
La vanguardia argentina lanzó y puso de moda el género, pero el resto del mundo lo exploró y lo está explorando con intensidad. Nuestra sociedad, la sociedad de la frivolidad y la impaciencia, la sociedad del consumo rápido y de la pereza es la que más puede favorecer lo breve y lo hiperbreve. En esta época de teléfonos móviles, de blogs y de nanoblogs… entre tanto narcisismo, entre el continuo fuego cruzado de mensajes, entre tanto lenguaje empobrecido, un microrrelato puede ser una joya.
Cuando nos despertemos, cuando nos demos cuenta de que lo que pensamos y lo que estamos haciendo cada segundo de nuestras vidas no le interesa a nadie, el dinosaurio todavía estará allí.






